Mujeres en el Olvido es un espacio para recuperar las voces de mujeres silenciadas por la historia. Científicas, artistas, pensadoras e inventoras que marcaron el mundo y no recibieron el reconocimiento que merecían. Reivindicamos su legado con mirada feminista.

sábado, 5 de septiembre de 2026

septiembre 05, 2026 Posted by Mathias Rodriguez No comments Posted in , , , , , , ,

Cada vez que conectas unos auriculares por Bluetooth o utilizas una red Wi‑Fi, estás aprovechando tecnologías del mundo geek que tienen detrás una larga historia de descubrimientos. En esa historia aparece una mujer a la que durante décadas casi nadie relacionó con la ciencia: Hedy Lamarr, una de las grandes estrellas del Hollywood clásico.

Su rostro era conocido en todo el mundo, pero su capacidad para inventar permaneció escondida detrás de los vestidos elegantes, las fotografías promocionales y los papeles que interpretaba en el cine. Durante la Segunda Guerra Mundial desarrolló, junto al compositor George Antheil, un sistema para proteger las comunicaciones por radio.

Hedy Lamarr no inventó por sí sola el Wi‑Fi, como a veces se afirma, pero su trabajo fue una aportación temprana y decisiva para el desarrollo de las comunicaciones inalámbricas. Lo más sorprendente es que no recibió ningún beneficio económico por ello y tuvo que esperar más de medio siglo para obtener reconocimiento.

Hedy Lamarr: la actriz que abrió camino al Wi‑Fi y fue ignorada durante décadas

¿Quién fue Hedy Lamarr?

Hedy Lamarr nació el 9 de noviembre de 1914 en Viena con el nombre de Hedwig Eva Maria Kiesler. Creció en una familia judía acomodada y desde pequeña mostró una enorme curiosidad por comprender cómo funcionaban las cosas.

Su padre solía explicarle el funcionamiento de máquinas como los tranvías o las imprentas. Según sus biógrafos, cuando tenía alrededor de cinco años desarmó una caja de música y consiguió volver a montarla. Su madre, que era pianista, también la acercó desde niña a la música y las artes.

Sin embargo, fue su belleza la que pronto llamó la atención de los demás. Comenzó a trabajar como actriz siendo muy joven y alcanzó notoriedad en Europa antes de trasladarse a Estados Unidos. Tras conocer al productor Louis B. Mayer en Londres, llegó a Hollywood y adoptó el nombre artístico de Hedy Lamarr.

Durante los años siguientes participó en películas como Argel, White Cargo, Ziegfeld Girl y Sansón y Dalila. El público la conocía como una mujer elegante y misteriosa. Pocas personas imaginaban que, cuando terminaba de rodar, dedicaba parte de su tiempo a realizar experimentos y diseñar inventos.

Una inventora escondida detrás de una estrella de cine

Antes de llegar a Hollywood, Hedy Lamarr estuvo casada con Fritz Mandl, un fabricante de armas austríaco relacionado con importantes figuras políticas y militares de la época. Fue un matrimonio controlador e infeliz del que escapó en 1937.

Durante aquellos años, Lamarr había escuchado numerosas conversaciones sobre armamento, municiones y sistemas de defensa. Esa experiencia no la convirtió automáticamente en ingeniera, pero le permitió conocer algunos de los problemas técnicos que preocupaban a los ejércitos europeos.

Ya instalada en Estados Unidos, mantuvo vivo su interés por la invención. En su casa tenía una mesa de trabajo donde anotaba ideas y construía pequeños modelos. También ideó mejoras para los semáforos, una pastilla destinada a preparar una bebida con gas y propuestas relacionadas con el diseño de aviones.

Para ella, inventar no era una simple distracción. Era una forma natural de observar un problema e intentar encontrar una solución.

La guerra y el problema de los torpedos por radio

En 1940, mientras Europa estaba sumida en la Segunda Guerra Mundial, Lamarr conoció al compositor estadounidense George Antheil. Aunque parecía una pareja de trabajo poco habitual, ambos compartían una mente creativa y un interés profundo por lo que estaba sucediendo en la guerra.

Uno de los problemas del momento era el control de los torpedos mediante señales de radio. En teoría, un barco podía enviar órdenes para corregir la trayectoria de un torpedo después de lanzarlo. El inconveniente era que el enemigo podía localizar la frecuencia utilizada y bloquearla mediante interferencias.

Lamarr pensó que la señal sería mucho más difícil de bloquear si el transmisor y el receptor cambiaran constantemente de frecuencia de manera sincronizada.

La idea se puede entender imaginando una conversación en la que dos personas cambian de canal una y otra vez siguiendo un orden que solo ellas conocen. Quien quiera interrumpirlas tendrá que adivinar en qué canal estarán en cada momento.

Cómo funcionaba el salto de frecuencia de Hedy Lamarr

George Antheil tenía experiencia con mecanismos musicales y pianolas. A partir de los conocimientos de ambos, diseñaron un sistema en el que dos rollos perforados se moverían al mismo tiempo: uno estaría instalado en el transmisor y el otro en el receptor.

Los rollos permitirían que ambos dispositivos fueran cambiando juntos entre diferentes frecuencias. La propuesta contemplaba hasta 88 frecuencias, una cifra relacionada con las 88 teclas de un piano.

De esta manera, aunque el enemigo consiguiera interferir una frecuencia, la señal cambiaría rápidamente a otra. Para bloquear por completo la comunicación tendría que conocer la secuencia exacta de cambios.

La patente describía un sistema de comunicación secreta pensado especialmente para controlar torpedos. También explicaba que los registros sincronizados cambiarían la sintonización del transmisor y del receptor para dificultar que un enemigo descubriera dónde se enviaría la siguiente señal.

Lamarr aportó la idea central relacionada con el salto de frecuencias y Antheil ayudó a resolver el problema de la sincronización. Por eso es importante recordar que se trató de una invención compartida, no de un trabajo individual. Los documentos y bocetos conservados muestran que ambos trabajaron en el proyecto entre 1940 y 1942.

La patente de 1942 que nadie quiso utilizar

Hedy Lamarr y George Antheil presentaron la solicitud de patente el 10 de junio de 1941. El 11 de agosto de 1942 recibieron la patente estadounidense número 2.292.387, titulada “Sistema secreto de comunicación”.

En el documento, la actriz apareció con el nombre que utilizaba legalmente en aquel momento: Hedy Kiesler Markey. Este detalle contribuyó a que durante años muchas personas no relacionaran inmediatamente la patente con la famosa Hedy Lamarr.

La propuesta fue entregada a las autoridades estadounidenses, pero la Marina no la aplicó durante la Segunda Guerra Mundial. El sistema mecánico resultaba difícil de llevar a la práctica con la tecnología disponible y su potencial no fue comprendido por completo.

Lamarr terminó colaborando con el esfuerzo de guerra de la forma que Hollywood esperaba de ella: utilizando su fama para vender bonos. Su capacidad técnica quedó en segundo plano.

No existen pruebas suficientes para afirmar que la Marina rechazó el invento únicamente porque su autora era una mujer. Había dificultades técnicas reales. Sin embargo, resulta difícil separar su olvido posterior de una sociedad que prefería verla como una cara bonita y no como una persona capaz de aportar ideas a la ingeniería militar.

¿Hedy Lamarr inventó realmente el Wi‑Fi?

La respuesta breve es no. Hedy Lamarr no creó el Wi‑Fi, el Bluetooth o el GPS en sus formas actuales. Estas tecnologías son el resultado del trabajo acumulado de numerosos científicos, ingenieros e instituciones durante varias décadas.

Lo correcto es decir que Lamarr y Antheil fueron pioneros del salto de frecuencia y que su patente ocupa un lugar importante en la historia de las comunicaciones inalámbricas.

Una de las primeras versiones del estándar IEEE 802.11, relacionado con las redes Wi‑Fi, permitió utilizar una técnica de salto de frecuencia. Los sistemas Wi‑Fi modernos emplean principalmente otros métodos, pero aquella primera etapa demuestra que la idea de cambiar entre frecuencias tuvo una aplicación real dentro de la evolución de las redes inalámbricas.

Bluetooth también utiliza técnicas de salto de frecuencia adaptativo para reducir las interferencias y mejorar la fiabilidad de las conexiones.

El caso del GPS requiere todavía más precisión. Sus señales utilizan espectro ensanchado por secuencia directa, no el mismo sistema mecánico de salto de frecuencia patentado por Lamarr y Antheil. Por tanto, es más adecuado incluir su trabajo dentro de la historia general del espectro ensanchado que afirmar que ella inventó directamente el GPS.

Esta aclaración no reduce su mérito. Al contrario, permite valorar su aportación real sin necesidad de convertirla en una leyenda exagerada.

Un reconocimiento que llegó demasiado tarde

La patente venció antes de que Lamarr y Antheil pudieran obtener beneficios por su uso. Ninguno de los dos recibió dinero por una idea que años después sería considerada un importante avance en el campo de las comunicaciones inalámbricas.

El reconocimiento comenzó a llegar cuando ambos ya eran mayores. En 1997, la Electronic Frontier Foundation distinguió a Hedy Lamarr por su contribución pionera. La inventora tenía entonces más de 80 años.

Lamarr murió el 19 de enero de 2000. En 2014, ella y George Antheil fueron incorporados de manera póstuma al Salón Nacional de la Fama de los Inventores de Estados Unidos. La institución reconoce su sistema de salto de frecuencia como un desarrollo importante dentro de la historia de las comunicaciones inalámbricas.

Para entonces, millones de personas ya utilizaban diariamente tecnologías relacionadas con aquel campo de investigación.

Por qué la historia de Hedy Lamarr sigue siendo importante

La vida de Hedy Lamarr muestra lo fácil que resulta encerrar a una mujer dentro de una única imagen. Hollywood decidió que debía ser admirada por su belleza, y durante mucho tiempo el público apenas supo que también diseñaba, experimentaba y buscaba soluciones técnicas.

Su historia también rompe una idea muy extendida: que una persona debe elegir entre las artes y las ciencias. Lamarr fue actriz e inventora. George Antheil utilizó conocimientos musicales para resolver un problema de sincronización. La creatividad no siempre respeta las fronteras que colocamos entre las distintas profesiones.

Recordar a Hedy Lamarr no significa atribuirle todos los avances inalámbricos posteriores. Significa devolverle el lugar que le corresponde: el de una mujer curiosa y brillante que, en plena Segunda Guerra Mundial, imaginó una forma ingeniosa de proteger una señal de radio.

El mundo la convirtió en un símbolo de belleza. La historia tardó décadas en reconocer que, detrás de aquel rostro famoso, también existía una mente capaz de anticipar parte del futuro de las comunicaciones.