Mujeres en el Olvido es un espacio para recuperar las voces de mujeres silenciadas por la historia. Científicas, artistas, pensadoras e inventoras que marcaron el mundo y no recibieron el reconocimiento que merecían. Reivindicamos su legado con mirada feminista.

viernes, 9 de octubre de 2026

octubre 09, 2026 Posted by Mathias Rodriguez No comments Posted in , ,
Retrato de Ada Lovelace con rizos oscuros y un tocado de flores y encaje

Ada Lovelace, retrato atribuido a Alfred Edward Chalon, hacia 1840. Obra de dominio público.

Ada Lovelace imaginó una máquina que podía trabajar con algo más que números. En 1843, cuando los ordenadores electrónicos todavía quedaban a un siglo de distancia, explicó que las operaciones de una máquina también podían aplicarse a otras relaciones, siempre que estas pudieran expresarse de una forma adecuada. Incluso pensó en la música.

La conocemos como «la primera programadora», una denominación que ayudó a devolverle un lugar en la historia. Pero esa frase deja preguntas importantes: ¿qué escribió realmente?, ¿qué hizo Charles Babbage?, ¿llegó a funcionar aquella máquina? La respuesta permite valorar su trabajo con más precisión y descubrir una aportación que va mucho más allá de una etiqueta.

El 13 de octubre de 2026 se celebra Ada Lovelace Day, una jornada internacional dedicada a las mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es una buena ocasión para acercarnos a sus ideas sin convertir su vida en una leyenda.

Una educación excepcional en una sociedad desigual

Augusta Ada nació en Londres el 10 de diciembre de 1815. Era hija del poeta Lord Byron y de Annabella Milbanke, una mujer con formación e intereses intelectuales propios. Ada creció en un entorno aristocrático que le permitió acceder a una educación privada muy poco habitual para las mujeres de su época.

Estudió matemáticas y se relacionó con figuras como la científica y escritora Mary Somerville y el matemático Augustus De Morgan. Esa formación importa: sus ideas sobre la máquina analítica surgieron del estudio, de preguntas técnicas y de un intercambio sostenido con personas que conocían el problema.

Su situación también invita a mirar los límites de aquel mundo. Los recursos familiares abrieron puertas que muchas otras mujeres tenían cerradas. Reconocer ese privilegio ayuda a comprender su trayectoria y las desigualdades de acceso al conocimiento. Ada aprovechó esa oportunidad para desarrollar una voz intelectual propia.

La máquina de Babbage que despertó su interés

Ada conoció a Charles Babbage en 1833. El inventor trabajaba en máquinas mecánicas para realizar cálculos y reducir los errores de las tablas matemáticas. Una parte de su máquina diferencial mostró a Ada que ciertas operaciones podían automatizarse con engranajes.

El proyecto más ambicioso de Babbage fue la máquina analítica. Su diseño permitía imaginar un dispositivo que recibiera instrucciones, almacenara valores y ejecutara distintas secuencias de operaciones. Las tarjetas perforadas, relacionadas con el principio utilizado en los telares de Jacquard, servían para indicar qué debía hacer el mecanismo.

La diferencia era fundamental. Una máquina especializada resolvía una clase determinada de problemas. La máquina analítica estaba concebida para cambiar de tarea mediante sus instrucciones. En términos actuales, esa flexibilidad la aproxima a la idea de un ordenador programable.

Babbage fue el responsable del diseño de la máquina. El proyecto completo no llegó a construirse en vida de Ada. Por eso, cuando hablamos de sus instrucciones, hablamos de una propuesta para una máquina que todavía no podía ejecutarlas en la práctica.

Las notas de 1843: traducir también podía ser investigar

El ingeniero italiano Luigi Federico Menabrea publicó en francés una explicación de la máquina analítica a partir de una exposición de Babbage. Ada tradujo ese texto al inglés y añadió una serie de notas, identificadas con las letras A a G. El conjunto apareció en 1843 en Scientific Memoirs.

Sus notas ampliaron considerablemente el alcance de la explicación. Describían diferencias entre las máquinas, distinguían las operaciones de los datos sobre los que actuaban y examinaban cómo podían organizarse los cálculos. Ada convirtió la traducción en un espacio para desarrollar y comunicar ideas propias.

También trabajó en colaboración con Babbage. Los intercambios entre ambos permiten seguir la preparación del artículo y sus cuestiones matemáticas. Reconocer esa colaboración evita presentar la historia como una competencia en la que dar crédito a uno exige quitárselo al otro.

Qué muestra el algoritmo de los números de Bernoulli

La nota G contiene el ejemplo que más fama alcanzó: una secuencia de operaciones destinada a calcular números de Bernoulli. Son números que aparecen en diferentes problemas matemáticos. Para comprender la importancia del documento, no hace falta conocer todas sus propiedades.

Lo decisivo es el paso de una expresión matemática a instrucciones ordenadas. La tabla indica operaciones, valores utilizados y resultados que deben conservarse para continuar. También contempla repeticiones: ciertos pasos se vuelven a ejecutar en lugar de escribir una operación distinta para cada caso.

Ese trabajo se parece a una tarea central de la programación: descomponer un problema en una secuencia que una máquina pueda seguir. El documento permite observar ese proceso mucho antes de que existieran los ordenadores electrónicos.

El historiador de la tecnología Thomas J. Misa, al revisar la correspondencia y los documentos, sostiene que Ada elaboró esa secuencia elemental y destaca la colaboración matemática entre ella y Babbage. La aportación de Ada puede explicarse de manera concreta: participó en convertir un cálculo en un procedimiento detallado para la máquina analítica.

La idea que iba más allá del cálculo

Otro de sus aportes aparece al preguntarse qué podía representar un número. Si los números expresaban relaciones entre otras cosas, las operaciones de la máquina podían servir para trabajar con esas relaciones. El interés dejaba de estar limitado a obtener un resultado aritmético.

Ada utilizó la música como ejemplo. Planteó que, si las relaciones entre los sonidos y las reglas de composición pudieran expresarse de forma adecuada, la máquina podría operar sobre ellas. Era una posibilidad razonada, no una composición musical realizada por una máquina existente.

Hoy utilizamos dispositivos digitales para procesar sonidos, imágenes y textos. Leer a Ada desde el presente permite reconocer una intuición valiosa, aunque sería exagerado atribuirle la invención de todas esas tecnologías. Su mérito está en haber explicado un horizonte más amplio para una máquina que otros conocían principalmente por su capacidad de calcular.

En sus notas también señaló que la máquina dependía de las operaciones que las personas supieran indicarle. Conviene leer esa afirmación en el contexto de su proyecto mecánico, sin convertirla en una respuesta automática a todos los debates actuales sobre inteligencia artificial.

¿Fue realmente la primera programadora?

La denominación tiene una base histórica, pero necesita contexto. El Science Museum destaca que el artículo de Ada incluyó el primer algoritmo publicado para la máquina analítica. También recuerda que Babbage había preparado ejemplos similares en sus cuadernos antes de esa publicación.

Por eso, «primer algoritmo publicado» y «primer procedimiento jamás concebido» son afirmaciones diferentes. Además, aplicar la palabra programa a una máquina no construida y a documentos del siglo XIX introduce una discusión sobre qué entendemos por programación.

El debate no vuelve irrelevante a Ada. Podemos reconocer las dificultades de esa etiqueta y, al mismo tiempo, estudiar sus explicaciones, su algoritmo y su visión de una máquina capaz de tratar relaciones distintas de las puramente numéricas. Son aportaciones que conservan valor aunque el titular de una biografía no resuelva todas las preguntas históricas.

Recordar a Ada con todo su trabajo

Ada murió en 1852, a los 36 años. La valoración amplia de sus ideas llegó mucho después, cuando el desarrollo de la computación electrónica permitió comprender mejor el alcance de aquellos documentos.

Ada Lovelace Day, creado en 2009, busca dar visibilidad a las mujeres de los campos científicos y tecnológicos. En 2026 se celebra el segundo martes de octubre, el día 13. La fecha no corresponde a su cumpleaños ni es una efeméride de Naciones Unidas.

Su historia ofrece una forma útil de recuperar a las mujeres en la ciencia: leer qué hicieron, conocer sus herramientas y distinguir sus aportaciones de las de quienes trabajaron con ellas. Para seguir explorando trayectorias de científicas e inventoras, podés recorrer nuestro índice de historias de mujeres y leer también qué inventó Hedy Lamarr, otra historia de creatividad y colaboración.

Ada dejó una explicación de cómo ordenar operaciones y una pregunta sobre todo lo que esas operaciones podían llegar a representar. Ese trabajo merece ser conocido con sus detalles, sus colaboraciones y sus límites. Allí aparece una pensadora mucho más interesante que cualquier etiqueta aislada.